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La dinámica tecnológica y su impacto

José Antonio Poveda Salvatierra

En la abundante bibliografía existente, tanto en medios impresos como en la red, sobre la calidad de los recursos de información en internet hay una coincidencia generalizada en la importancia y necesidad de evaluar. El problema no es la falta de información, sino el exceso de mensajes incompletos, inconexos e inexactos.

Varios son los factores que se han identificado como favorecedores de que la información que podemos encontrar varíe desde niveles ínfimos a niveles altos de calidad, pero destacan especialmente la facilidad para poder editar y publicar información en este medio y la falta de control centralizado y de revisión editorial. Sin embargo, estos inconvenientes constituyen características intrínsecas de internet y son las que han favorecido su rápido desarrollo y crecimiento como almacén y fuente de información.

El diccionario de la Real Academia Española define el término evaluación como la acción y efecto de evaluar, distinguiendo dos acepciones: señalar el valor de una cosa y estimar el valor de una cosa. El término evaluación puede significar lo mismo que medida o puede utilizarse en referencia a una métrica aplicable a cualquier cosa. Una medida es una comparación de una cantidad con un estándar, y una métrica, al proceso de determinar su valor o al propio valor.

En un sentido general, la definición de calidad ha evolucionado desde una acepción orientada al producto más general orientada al servicio. De esta manera, la calidad se identifica con la educación a los objetivos; es decir, un servicio o producto debería proporcionar o ejecutar aquello que se pretendía. La norma ISO 9000 define la calidad como “el conjunto de todas aquellas características de un producto o servicio que tienen que ver con su capacidad de satisfacer las necesidades definidas o implícitas”,; por lo tanto no es ni una norma aislada ni una norma suprema, sino que se define a partir de las necesidades de los usuarios, de ahí que en su uso habitual este término tenga un componente subjetivo muy alto, lo que sea un concepto difícil de definir.

En las ciencias de la información, la calidad está orientada tanto al producto (información), asegurando que satisfagan un conjunto de criterios, como al servicio que lo proporciona, poniendo especial énfasis en las exigencias y satisfacción del usuario. Centrándonos exclusivamente en los productos de internet o recursos de información, la siguiente pregunta sería ¿cómo se define la calidad de un recurso de información? La definición dada anteriormente acerca el concepto de calidad al de validez o utilidad, existiendo dos componentes o aspectos que hacen que un recurso sea válido y en los que se basa la evaluación, como son aquellos relativos al contenido o información que proporcionan y al diseño o la forma.

La Americand Library Asociation retoma esta tendencia y genera una definición que en términos generales incluye la tendencia pedagógica, de aprender a aprender:

… “las personas alfabetizadas en información son aquellas que han aprendido a aprender. Saben cómo aprender puesto que saben cómo está organizado el conocimiento, cómo encontrar información de tal manera que otros puedan aprender de ellos. Están preparados para el aprendizaje a lo largo de la vida, ya que siempre pueden encontrar la información necesitada para cualquier tarea o toma de decisión”.

Durante muchos siglos el saber o el acceso al conocimiento residía en los libros; la difusión de la cultura y de la ciencia por este medio —publicaciones impresas— no han perdido interés, hasta el momento.

El libro impreso en sí es un incipiente avance tecnológico para transportar ideas, información y conocimiento a largas distancias, por lo tanto, la edición de obras impresas sigue siendo una industria de gran importancia.

La rápida evolución de la tecnología, cada vez con mayores prestaciones para los usuarios, la regulación y proliferación de los servicios de comunicación y la bajada de los costos de los equipos informáticos, necesarios para facilitar la comunicación de la información, hacen cada vez más usual el acceso a las fuentes de información a través de las tecnologías.

La aldea global de la que hablaba Mac Luhan en los años 60 del siglo XX, está convirtiéndose en una realidad. La información ha pasado a ser un medio global de comunicación y ha creado una sociedad interconectada por multitud de enlaces, a través de redes, que resultan o son convergentes entre sí en el transporte de la información.

Las tecnologías de la información han venido a transformar, no sólo en el contexto en sí de las fuentes de información, sino el almacenamiento, el uso y acceso al conocimiento almacenado.

La diversidad lingüística y cultural son aspectos esenciales para conservar la identidad nacional; la palabra escrita —impresa— como se ha expuesto con anterioridad, ha sido, es, el vehículo más importante para expresar esta diversidad.

Todos los países han tratado de proteger su lengua por medio de la palabra impresa por diferentes procedimientos y medidas que evitarán la sumisión a lenguas dominantes y con ello, el movimiento relativamente desordenado del comercio del libro que debe o le interesa ajustarse al idioma de mayor expansión, sobre todo en el campo científico, para llegar al número de clientes posibles.

Como se sabe es preocupación permanente de los sociólogos la observación del comportamiento de los miembros que integran el cuerpo social a fin de determinar en todo momento las variaciones de rumbo que experimentan y, por consiguiente, la posibilidad de redefinir el modelo a partir del reconocimiento del fenómeno entendido como cambio social. Sin perjuicio de advertir que no existe un modelo idéntico de sociedad en el mundo por obvias razones de índole económica, política y cultural, sí ha de admitirse que, en los últimos años, numerosos estudiosos se han volcado en la consideración bien trascendente del concepto de información de la capacidad de producción y transmisión de los mensajes informativos, de su representación como nuevo poder, eje y basamento del conocimiento y, en fin, de detectar un nuevo modelo de sociedad determinada por el fenómeno de la información, y fundamentalmente, por el avance incesante de sus tecnologías.

El cambio social con el factor tecnológico y la irrupción de un posible nuevo modelo de sociedad sobre la base de los siguientes principios:

1. El factor tecnológico como uno de los motores del cambio social en nuestros días.

2. El fenómeno de la información sobre el que opera el factor tecnológico produciendo las nuevas tecnologías de la información, uno de los constitutivos de la llamada sociedad informada o de la información.

3. Las necesidades sociales de información, característica primaria de esta sociedad y originadas por radical naturaleza del ser humano como proyecto permanente de vida abierto a lo desconocido.

4. La información como técnica desarrollada en forma de sistemas, redes y centros social de documentación cuyo proceso operativo ha experimentado una serie de cambios que deben ser delimitados en su justa medida.

5. El encuentro entre sociedad informada y poderes públicos los cuales, a fin de mantener vigente el grado de satisfacción de aquélla, promuevan políticas de información.

6. Es el periodista un activo servidor de la idea; él ha de recoger los sucesos y, vivos aún, cuando llevan por su frescura la inmediata certificación, transportarlos al periódico, del cual puede escogerlos la historia; el periodismo es el taller diariamente abierto por la filosofía y la historia para realizar es misteriosa función de la especie humana… atesorar experiencias y enseñar y perpetuar recuerdos para el porvenir.

Se tiende a una visión completa de la realidad nacional, en los terrenos cultural y económico que interesan al periodista, así como una interpretación de las formas de vida de la sociedad actual.

Todas las manifestaciones del conocimiento; el observar, el percibir, el determinar, el interpretar, el discutir y el afirmar, presuponen la relación del hombre con el mundo y son posibles solamente a base de esta relación.

Ante todo es necesario saber plantear los problemas. Es precisamente este sentido del problema el que indica el verdadero espíritu científico. Para un espíritu científico todo conocimiento es una respuesta a una pregunta. Si no hubo pregunta, no puede haber conocimiento científico.

* El autor es vicedecano de la Facultad de Derecho. UNAN-León.  

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