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Camarón de río con el tiempo en contra

  • Organismos buscan la manera de enfrentar la captura indiscriminada del recurso

Amparo Aguilera

RÍO FRÍO, RÍO SAN JUAN.- Más de 100 familias del departamento de Río San Juan, de las cuales 17 proceden de Río Frío, un pedazo de isla ubicado al noreste de San Carlos, sobreviven primordialmente con la pesca del camarón de río, un crustáceo de color café.

Y no les va mal, según cuenta Jordi Pascual, un investigador de la especie, ya que por libra lo venden, en promedio, a 42 córdobas a nivel local, a 60 córdobas en Managua y hasta en 100 córdobas a nivel de la región centroamericana. Especialmente en Costa Rica, donde ilegalmente se comercializa, y en Guatemala.

Todo animal que agarran es para comercializarlo. “Pero lo logran a costa del agotamiento del recurso”, expone Pascual, quien aduce que por la presión pesquera, cada vez más amenaza las poblaciones camaroneras.

Pascual refiere por ejemplo, que hace cinco años los habitantes de Río Frío, se daban el lujo de vender por quintales los camarones, que puestos en los sacos se enrumbaban a Guatemala.

“Esto ocurría cada quince días. Sin embargo ahora para agarrar un quintal, los pescadores pasan hasta dos meses tirando las nasas o cajillas (la trampa para capturarlo) porque ya no hay muchos. Un pescador en verano, por ejemplo pesca uno, dos o cuatro camarones por noche. Y en invierno de cinco a siete camarones”, apunta.

A REGULAR LA PESCA

De acuerdo al estudioso de la especie, la situación es preocupante porque la mayoría de pescadores, pese a que están conscientes del agotamiento, continúan capturando a los camarones hembras y a los pequeños, cuya longitud alcanza los 15 centímetros. Es decir con 10 centímetros menos del tamaño sugerido para su venta.

Estos últimos son apetecidos en los restaurantes donde los ofertan en sopa, ya que fácilmente caben en las soperas. “Entonces no se cuida su ciclo reproductivo (porque allí nadie denuncia el hecho)”, detalla el experto.

A diferencia de los acopiadores, quienes usualmente vigilan que el camarón que se les oferta sea macho y quienes no notan el incumplimiento de la normativa local que manda a proteger a las hembras y las crías para asegurar el recurso, porque con ellos los pescadores juegan limpio.

Por eso Pascual, junto a la Asociación de Cooperación Rural en África y América Central (ACRA) y el organismo Fidea de la Universidad Centroamericana, intentan salvar la especie con una validación de crianza que entre otras cosas, implica una regulación en cuanto al tamaño, sexo y cuotas de pesca.

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