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Hay que apurarse frente al DR-Cafta

Roberto Morales Muñ[email protected]

El Tratado de Libre Comercio DR-Cafta firmado en Estados Unidos, los países de Centroamérica y República Dominicana se encuentra en boga en los últimos días por muchos motivos, todos políticos, a pesar que su esencia es netamente comercial.

Hemos leído hasta la saciedad los puntos a favor y en contra de este tratado, argumentos con y sin sustento que provocan, de todas maneras, un fuerte impacto en la opinión pública alcanzando sus propios objetivos al servicio de intereses propios y ajenos.

Urge a Nicaragua encontrar un consenso de acciones y materializar las sendas promesas del Gobierno de Enrique Bolaños para enfrentar los aspectos negativos del DR-Cafta, porque el país cuenta con una serie de condiciones que lo erigen en una posición especial. Recordemos que una vez ratificado el tratado, inicia el período de desgravación arancelaria con los consiguientes perjuicios a nuestra economía. Asimismo, al 2008 los países de la región no podrán exportar a EE.UU. en condiciones favorables por la pérdida de las preferencias arancelarias, denominada la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC).

Tal y como he mencionado en diversos artículos publicados en este diario, los Tratados de Libre Comercio son excelentes oportunidades para hacer prosperar nuestra economía, pero no podemos lamentarnos y culpar al pasado de nuestros errores, cegarnos ante los caprichos de unos cuantos que velan por sus intereses personalísimos o partidarios, ni responsabilizar al Gobierno de sus omisiones; pero ante la diversidad de hipótesis, de lo que sí estoy seguro es que debemos planificar antes de actuar.

El Gobierno debería “planificar” y encaminar sus esfuerzos a revertir los efectos negativos del DR-Cafta, pero se encuentra sumergido en la ratificación, en el Congreso de EE.UU., que no puede ver que en su propia casa las cosas no marchan para él, ni para el proyecto.

A la fecha, el Gobierno no hace nada por avanzar ante la inminencia del tratado:

— no mejora la infraestructura, principalmente las vías de acceso, carreteras, puertos y aeropuertos;

— no toma medidas ni un plan de transición que proteja los sectores más sensibles de nuestra economía;

— no se fortalecen las instituciones democráticas;

— no hay mayor participación de la sociedad civil;

— no mejoran las deficiencias en la supervisión de las empresas en general ni las establecidas en la zona franca donde prevalecen denuncias por maltrato, sobre todo a la mujer;

— no se evita la amenaza que desaparezca la medicina genérica. Al contrario, se tolera que prevalezca la de marca, al 300 por ciento más cara que la genérica;

— no se evita el ingreso de productos agrícolas subsidiados que causaran un desastre a nuestra economía;

— no hay medidas suficientes que protejan los derechos de los trabajadores, ni promociona o difunde una estrategia que permita tener mayor conocimiento a los trabajadores de sus derechos, etc.;

— no resuelve la carencia de jueces, personal de apoyo y equipo técnico especializado que permita agilizar y modernizar la infraestructura y la capacidad de gestión de los tribunales laborales;

— no garantiza los derechos laborales de las mujeres, madres gestantes, ni de los menores, ni existen esfuerzos tendientes a brindar asistencia técnica a estos grupos minoritarios, etc.

El Gobierno es el llamado a tomar acciones que proteja los sectores sensibles de la economía para impedir un daño severo, pero no está haciendo nada para paliar esta situación, sigue prometiendo sin materializar lo que ofrece. No estoy en contra del DR-Cafta, estoy en contra de la omisión y la negligencia del Gobierno ante su excesiva indiferencia ante los aspectos negativos de este tratado. En este sentido, ni el PLC ni el FSLN ofrecen una alternativa viable, igual que el Gobierno, en vez de formular propuestas que permitan a Nicaragua salir adelante, sin politiquería barata.

Es cierto que hay muchos beneficios para Nicaragua, es innegable, pero no sé cuán beneficioso sea convertirnos en dependientes de la inversión a expensas de la destrucción de nuestra propia economía, eso no lo entiende el Gobierno que está encaprichado en los beneficios provenientes de las inversiones, pero ¿quién invertirá si la situación política y económica continúa como está? Inclusive, el jefe negociador nicaragüense del tratado, Carlos Sequeira, ha reconocido que se deben hacer los ajustes necesarios para mejorar la competitividad de las empresas nacionales pero el Gobierno no hace nada por iniciar este emprendimiento.

Es fácil pedir que se apruebe o desapruebe el DR-Cafta desde una posición cómoda de funcionario público o de opositor, mientras el pueblo continúa viviendo en la pobreza y cada día debe asumir estas nefastas consecuencias. ¿De quién es la culpa de lo que sucede, de los opositores al DR-Cafta o de los ciegos que pretenden aprobarlo sin remedir ni reparar sobre el daño a nuestra agricultura y demás sectores sensibles de nuestra economía?

En estas condiciones no iremos a ninguna parte con el DR-Cafta.

El autor es Jurista en Derecho Internacional.

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