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  • Empresarios venezolanos se acercan a la revolución bolivariana para aprovechar la bonanza de los petrodólares. ¿Pragmatismo o resignación?

Lamking González [email protected]

CARACAS, VENEZUELA.- El empresario venezolano Majed Khalil no anda con medias tintas. Yo he evolucionado con este gobierno”, admite.

Los números están lejos de desmentir esa afirmación. En los últimos cinco años de plena revolución bolivariana de Hugo Chávez, las ventas de la empresa que preside, Representaciones Hardwell Technologies, crecieron un impresionante 70 por ciento en Venezuela.

Mejor aún: semejante salto no está restringido sólo al sector tecnológico.

Otras empresas de Khalil como Eveba, dedicada a la producción y comercialización de alimentos enlatados y embutidos, y Meditech, una firma que vende equipos médicos, también incrementaron espectacularmente sus ventas.

La buena nueva para Khalil es que la fiesta promete continuar.

“Venezuela es todavía un territorio virgen, sobran las oportunidades”, dice. “Aunque hay más controles —como los de cambio y precios—, los procesos son más transparentes y han disminuido las mafias”.

Aunque discutibles, esas razones son las que empujan a Khalil a apostar su dinero en la Venezuela de Chávez. Sus planes para los próximos años pasan por incrementar la participación de Representaciones Hardwell en diversos proyectos del sector eléctrico, triplicar la capacidad de producción de la planta de Eveba, para lo cual están invirtiendo 10 millones de dólares, y adquirir una radio y un periódico.

A esta altura ya no quedan dudas: Khalil forma parte del reducido, pero creciente, número de empresarios venezolanos que defienden a cara abierta al gobierno de Hugo Chávez. En ese listado figuran además Alberto Cudemus, presidente de la Federación Porcina y ex candidato a la presidencia de Fedecámaras, y Alejandro Uzcategui, presidente de Empresarios por Venezuela (Empreven). Otros como Camilo Lamaletto, presidente de Cerámicas Balgres; Orlando Castro, ex propietario de empresas de seguros y estaciones de radio, y Rafael Sarria, empresario del sector seguros, también simpatizan con las políticas del líder bolivariano, pero con un perfil más bajo.

A viva voz o en silencio, hay un influyente grupo de empresarios que no quiere dejar pasar la oportunidad de hacer buenos negocios en una Venezuela inundada de petrodólares. Y no sólo los empresarios cercanos al gobierno quieren subirse al tren.

Hay un notorio intento de la poderosa Fedecámaras por limar algunas de las múltiples asperezas con el gobierno de Chávez. “¿Cómo los empresarios pueden negarse a tender puentes con aquel que decide las políticas públicas y las políticas relacionadas con el derecho a la propiedad privada?”, dice Luis Vicente León, presidente de la consultora Datanálisis, en Caracas.

“Guste o no, es un gobierno constitucional, y seguiremos viendo a empresarios honestos y comprometidos con una posición crítica a la administración actual pero interesados en participar en proyectos impulsados por el gobierno y también renunciando a sus principios”.

Alejandro Uzcategui, presidente de Empreven —una organización empresarial sin fines de lucro cercana al gobierno—, puede dar fe del cambio. Empreven nació en 2002 con 200 asociados y actualmente cuenta con más de 180,000, en su mayoría microempresarios.

El cambio de actitud es notorio con respecto a lo que sucedía hace tres años, cuando los empresarios ni siquiera respondían a sus llamados. Aquellos eran los tiempos del divorcio entre buena parte de la clase empresarial representada por Fedecámaras y el gobierno chavista.

En el 2001, Chávez había promulgado la Ley Habilitante, por la que el gobierno pudo sancionar casi cincuenta leyes, entre ellas la controversial ley de tierras e hidrocarburos. La brecha se ahondó a fines del 2002 durante el denominado “paro cívico petrolero”. Pero algunas heridas se fueron suturando.

Para algunos analistas, los empresarios finalmente se resignaron a que deberán convivir con Chávez durante varios años. Para otros, como Khalil, “los empresarios se dieron cuenta de la manipulación liderada por la directiva de Fedacámaras y algunos de los medios de comunicación”.

Pragmático al fin, Uzcategui, ex ejecutivo de Pinturas Montana, del Grupo Corimon, reparte un consejo para los inversionistas que tienen a Venezuela en la mira: dedíquense a hacer negocios y dejen la política en manos de los políticos. Ése es el camino por el que también transita Salomón Cohen, presidente de Constructora Sambil. “Soy un empresario a secas y participaré en los proyectos que considere convenientes, una vez analizadas las condiciones”. No en vano en el 2004 Cohen respondió al llamado del Ministerio de Turismo sobre el anuncio de varios proyectos. Por detrás está la intención de participar en la construcción de un hotel cinco estrellas en Isla Tortuga, un proyecto turístico que impulsa el Estado.

“MEJOR” AMBIENTE

Está claro que la abultada billetera del gobierno de Chávez es un argumento a la hora de provocar cambios en posiciones que parecían irreconciliables. Es el caso de Pedro Lander, propietario de Olas Resort y ex director de Fedecámaras. Hace sólo tres años se encontraba entre los promotores del paro anti Chávez. Hoy, su opinión frente a las políticas y proyectos impulsados por el gobernador oficialista del estado de Miranda, Diosdado Cabello, es favorable.

“Independientemente de las etiquetas que puedan asignarme, apoyo los planes que impulse este o cualquier gobierno relacionados con la promoción del sector turismo”, dice Lander.

“El mandatario regional se reunió con los empresarios, sin ningún tipo de distinción, y se mostró abierto y dispuesto a nuestras propuestas, entre las cuales destaca la construcción de la autopista hacia Barlovento y la creación de una salida hacia el mar, una obra que estaba paralizada desde hace 15 años y que arrancará este año”.

A eso el gobierno añadió otros atractivos, como la reciente reforma de la Ley de Turismo, que incluye la cartera obligatoria para el sector entre 2 y 7 por ciento del total de préstamos de la banca privada, y de 12 por ciento de la banca pública, la reorganización de los feriados nacionales para los días lunes y el otorgamiento de varios incentivos fiscales para los prestadores de servicios.

El viraje está alcanzando también a los banqueros. Empreven logró convencerlos e incorporarlos en proyectos como la asignación de créditos a los microempresarios.

El sector privado aprobó 20,000 millones de bolívares —unos 10 millones de dólares— para créditos. Hasta fines del 2005, se habían entregado 38,000 millones de bolívares a más de 4,000 personas, según datos que maneja Empreven.

La novedad es que a esta iniciativa se han incorporado instituciones financieras de alto calibre, como BOD, BaNorte y Banco Canarias, y están próximas a hacerlo Banesco y Banco Nacional de Crédito.

Además, Uzcatequi tiene otros éxitos para mostrarle a Chávez. Logró torcer el brazo a empresarios que antes se oponían al gobierno y hoy participan en proyectos como el banco de desarrollo. “Hay 14 inversionistas: todos opositores”, dice.

A eso hay que añadir un convenio con CANTV destinado a la capacitación tecnológica de los microempresarios que viven en zonas aisladas. Y una alianza en el sector farmacéutico con el tradicional Grupo Belloso —dueño de la distribuidora Farvenca— para la comercialización de medicamentos a precios solidarios.

Y hasta VenAmCham, la Cámara Venezolana-Americana de Comercio e Industria, convocó a Uzcategui para un desayuno exploratorio en octubre pasado. “La clave es que los empresarios no van directamente a negociar con el gobierno, sino que utilizan a Empreven como puente”, dice Uzcategui.

En el encuentro estuvieron representantes de Empresas Polar, Johnson& Johnson, Novartis, y también hubo reuniones con ejecutivos del hipermercado Makro y Cargill de Venezuela. Las empresas saben que proyectos como el de las boticas sociales —venta de medicamentos a bajos precios— llegaron para quedarse y deberán adaptarse a ellos si no quieren perder cuotas de mercado. Laboratorios como Novartis, Pfizer y Leti-Genven y Droguería Nena participarán en el plan que aspira a inaugurar 2,000 boticas en tres años.

En un gobierno tan mediático como el de Chávez es lógico que haya un nuevo hombre fuerte en el sector editorial. Es Miguel Ángel “Michu” Capriles, quien aprovechó la ruptura de relaciones entre el líder bolivariano y C.A. Editora El Nacional.

Esta empresa periodística, que gozaba de entre 40 y 50 por ciento de las pautas publicitarias del Estado, cayó en desgracia por sus críticas al Gobierno y ese espacio está siendo ocupado por Capriles. Ayudado por la línea editorial de su periódico Últimas Noticias, dirigido a un público de bajos recursos, vio crecer su facturación en sintonía con su cercanía a Chávez.

De 10 avisos publicitarios, seis son del Gobierno. Capriles tendrá más que asegurado el financiamiento en el 2006, año en que la publicidad oficial se multiplicará en busca de la reelección de Chávez. Con la economía recuperándose y la oposición sin encontrar un norte, hay revolución bolivariana para rato. Esa conclusión es la que está empujando a empresarios horrorizados con el rumbo del gobierno a flexibilizar sus posiciones.

José Luis Betancourt, presidente de Fedecámaras, se reunirá de nuevo con Chávez, tras haberlo hecho por primera vez en octubre pasado.

“Estamos tratando de civilizar las diferencias”, dice Betancourt. “El país necesita respuestas que significan que cada uno de los actores asuma su responsabilidad y rol”.

¿Resignación? Tal vez. ¿Signos de madurez? Es posible. Lo cierto es que buena parte del empresariado está aprendiendo a convivir con Chávez. No es fácil, pero, ¿les queda otra?

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