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Slim promueve plan que favorece a sus empresas

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La propuesta de 11 páginas de Carlos Slim, conocida como Acuerdo de Chapultepec por el nombre del parque de la Ciudad de México en donde fue anunciada, propone dar más independencia a la policía y los tribunales, reducir los trámites burocráticos para mejorar los programas sociales para los pobres y permitir más inversión privada en viviendas, escuelas, clínicas, carreteras y puentes.

Slim ha obtenido el apoyo de más de 4,000 personas a sus propuestas. Los gobernadores de todos los estados y algunos líderes laborales, académicos y ejecutivos, como Emilio Azcárraga, presidente de Grupo Televisa S.A., la mayor cadena de televisión de México, y Mario Molina, el Premio Nobel de Química de 1995, apoyan su plan.

Enrique Krauze, autor de México: Biografía del Poder (Haarper Collins, 1997), que hace una crónica de la política mexicana desde la lucha de independencia de país en 1810, dice que el apoyo al plan de Slim “es una rara muestra de consenso en un país en el que las disputas están tan arraigadas”. Pero si el hombre que puede ser el siguiente presidente no lo apoya (su plan), no tendrá mucho futuro.

Dos de los tres principales candidatos presidenciales de México apoyan las políticas de Slim. El ex secretario de Energía Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional de Fox, y Roberto Madrazo, del Partido Revolucionario Institucional, o PRI, firmaron la propuesta de Slim en noviembre.

Incluso con ese apoyo y su riqueza —sus empresas representan más de un tercio del valor de la Bolsa Mexicana de Valores: 256,000 millones de dólares— Slim enfrenta la oposición de Andrés Manuel López Obrador, ex jefe de gobierno de la Ciudad de México, que dice que las propuestas de Slim no se centran lo suficiente en combatir la pobreza.

López Obrador propone reducir los salarios de los empleados del Gobierno para obtener fondos para el gasto social, mientras que Slim dice que esos recortes alentarían a los burócratas a aceptar más sobornos.

Slim planea contribuir con 1,03 millones de pesos (93,000 dólares), el máximo permitido por ley, a cada uno de los tres candidatos principales, como lo hizo en la contienda del 2000, dice Arturo Elías Ayub, de 40 años, su yerno y director de comunicaciones en Telmex. Según la ley mexicana, las empresas no pueden financiar las campañas políticas.

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Bloomberg News

Carlos Slim, el tercer hombre más rico del mundo, posó a mediados de marzo con tres gobernadores en el patio de un ex hospicio colonial en Guadalajara, México, y sonrió para las cámaras de televisión.

“Vivimos épocas de estabilidad económica tanto aquí como en el extranjero, probablemente el momento más favorable que México ha tenido”, dijo Slim a 450 personas refugiadas del sol de mediodía bajo una carpa blanca. “No dejemos que se nos vaya esta oportunidad”.

Slim, quien ha acumulado una fortuna de 30,000 millones de dólares construyendo el mayor imperio de telecomunicaciones de Latinoamérica, dejó la administración de sus empresas para tratar de establecer la agenda económica y social de México. Y aunque no es candidato para la elección presidencial del 2 de julio, ha estado actuando como si lo fuera.

Slim ha estado recorriendo el país en avión privado en una campaña para convencer al siguiente Gobierno de que baje los costos de la energía, erradique la corrupción del sistema legal y permita una mayor inversión privada en carreteras, plantas eléctricas y el monopolio paraestatal Petróleos Mexicanos, conocido como Pemex.

Slim, de 66 años, dice que esos cambios son necesarios para superar el estancamiento económico de México, que está creciendo a un ritmo de alrededor de la mitad del de América Latina.

Si Slim tiene éxito, México crecerá más rápido, generará más empleos y podrá competir por inversiones y comercio con rivales como China, dice James Barrineau, de AllianceBernstein Holding LP en Nueva York.

INVERSIÓN EXTRANJERA

De no hacerse esos cambios, México perderá terreno frente a vecinos que están reformando sus economías, como Brasil, dice Barrineau, de 49 años, subdirector general sénior responsable de investigación económica latinoamericana en AllianceBernstein, que administra deuda de mercados emergentes como México por 8,000 millones de dólares.

Eso significaría que México probablemente sufriría años de lenta expansión y un desempleo y una deuda cada vez mayores, dice Barrineau. Dichas condiciones podrían perjudicar a los inversionistas extranjeros, que le han inyectado 238,000 millones de dólares al mercado accionario y de bonos de México.

En México la electricidad les cuesta a las compañías 20 centavos por kilovatio-hora, más de dos veces el precio en Estados Unidos, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con sede París.

La Comisión Federal de Electricidad cobra tanto que Alfa S.A., el segundo grupo industrial más grande de México, trasladó una planta de fibra de poliéster del norte de México a Carolina del Norte en junio del 2005. Además, las tarifas de envío por camión y barco son más elevadas que el promedio internacional, dice la OCDE.

En el 2003, China rebasó a México como el segundo exportador a Estados Unidos. Para alcanzar a la potencia asiática, México necesita los cambios propuestos por Slim, dice Manuel Medina Mora, director general de Grupo Financiero Banamex S.A. de Citigroup Inc., el segundo banco más grande de México.

“Este país necesita puertos, aeropuertos, carreteras de paga y plantas eléctricas para poder competir en un mundo globalizado”, dice Medina Mora.

El futuro de México es crítico para Estados Unidos. Unos 500,000 mexicanos emigran ilegalmente a Estados Unidos cada año, calcula el Pew Hispanic Center. El éxodo podría crecer si la economía mexicana se desacelera, dice Gabriel Escobar, director asociado de Pew, con sede en Washington. Cerca de la mitad de los 12 millones de mexicanos que se hallan en Estados Unidos son indocumentados.

COMPETENCIA

En una entrevista en la mansión contemporánea en la Ciudad de México que Slim usa como oficina, el empresario dice que el futuro del país se ve amenazado por reglas que sofocan la inversión, un sistema legal inepto, la rampante delincuencia y la falta de empleos y de crecimiento.

“La única forma sana de invertir es una combinación de inversión pública y privada”, dice.

Slim está formando su propio imperio para beneficiarse si tiene éxito. En septiembre creó una empresa llamada Impulsora del Desarrollo y el Empleo en América Latina S.A., o Ideal, para construir caminos, obras hidráulicas y plantas eléctricas si el próximo Presidente de México sigue su recomendación de fomentar una mayor inversión privada.

En la campaña de Slim no hay llamado alguno a fomentar una mayor competencia en el sector de las telecomunicaciones. La principal empresa de Slim, Teléfonos de México S.A., o Telmex, controla más de 90 por ciento de la telefonía de línea fija en México. En los últimos ocho años, Telmex ha usado los tribunales para bloquear fallos antimonopolísticos destinados a reducir su dominio.

“Si Carlos Slim está convencido de que debe haber más competencia en este mercado y está dispuesto a hacerlo, necesita decir públicamente en sus palabras que apoyará la postura de la comisión y acatará nuestros fallos”, dice Eduardo Pérez Motta, presidente de la Comisión Federal de Competencia, la autoridad antimonopolística de México.

El secretario de Hacienda de México, Francisco Gil Díaz, dice que abrir el monopolio de Slim a la competencia es la reforma más importante que México puede buscar. Barrineau, de AllianceBernstein, dice que el monopolio de Slim es perjudicial para México y los inversionistas.

“Prácticamente todos los sectores dominados por los oligopolios que acapararon la economía cuando las empresas estatales fueron privatizadas en los noventa son ineficientes si se les compara con los estándares mundiales”, dice Barrineau. “Y eso simplemente no se puede hacer al competir con China”.

Slim dice que el obtener más ganancias no es lo que lo mueve para promover nuevas políticas económicas en México. Sobre sus tarifas telefónicas, dice que son competitivas y que dos tercios de las líneas de teléfono de Telmex están en áreas de bajos ingresos, que los competidores no atenderían porque no son rentables. “Si no tuviéramos un sentido de responsabilidad con la sociedad, no estaríamos allí”, dice.

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