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Persisten aquí ideales de revolución francesa

Los franceses en Nicaragua celebraron ayer la fiesta nacional de su país con la certeza de que Francia debe seguir siendo un país abierto al resto de países del mundo, pero sin alinearse a ninguno, y permanecer atento a las injusticias y falta de desarrollo que afectan a ciertos pueblos.

El 14 de julio de 1789 la población de París se tomó La Bastilla, una fortaleza que servía de cárcel y era considerada el símbolo del autoritarismo. La acción marcó el “inicio oficial” de la revolución francesa, un proceso largo y convulso cuyas repercusiones afectaron a todo el mundo. Fue hasta cien años después que esa fecha fue oficializada como Fiesta Nacional de Francia.

“La revolución francesa ha repercutido en las propias independencias de América Latina. Los movimientos de liberación comenzaron al poco tiempo y muchos de los libertadores se inspiraron en sus ideales. Muchas Constituciones y Códigos Civiles latinoamericanos todavía hoy se inspiran en los ideales de la revolución francesa”, afirma Thierry Frayssé, Embajador de Francia en Nicaragua.

Uno de los principales logros de esa revolución fue la declaración de los derechos humanos, un legado de valores ciudadanos que hoy comparte la mayoría de países, aunque en otros son materia pendiente.

LUCHA PERMANENTE

“Obviamente, en el día a día, en la vida cotidiana hay progresos y retrocesos. Creo que los derechos humanos no pueden considerarse como algo definitivamente establecido. Es una lucha diaria que tiene que conquistarse y tiene también que defenderse. Puede haber involuciones, puede haber regresiones, incluso en los países desarrollados, entonces hay que estar muy atentos, muy vigilantes”, advierte Frayssé.

Señaló que parte de las violaciones a los derechos humanos derivan de la inmigración, en lo que ve una responsabilidad compartida por el país receptor y el inmigrante.

“Ambos tienen deberes y derechos. El país receptor tiene que asegurar la igualdad en el trato, que no haya discriminación y asegurar una inserción profesional y familiar. Los inmigrantes, sin renegar de su origen, deben hacer un esfuerzo por aceptar los valores de la sociedad que los recibe, porque llegan para quedarse”, explicó.

Sobre Nicaragua, Frayssé comentó que hay aspectos en los que se puede mejorar, como la libertad de expresión y la democracia.

“Creo que el mejor respeto a los derechos humanos pasa por la educación, creo que desde ya el esfuerzo debe ser por educar a los menores. También pasa por el compromiso de la sociedad civil, porque la sociedad civil y sus organizaciones tienen una papel muy importante que jugar para concientizar a la población”, afirmó.

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