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Rezaye Álvarez M.

El uso de semillas criollas y acriolladas, para garantizar producción alimentaria durante la época de sequía, es una alternativa viable que debería ser tomada en cuenta.

Jorge Vásquez, del programa Campesino a campesino, de la Unión Nicaragüense de Agricultores y Ganaderos (UNAG), asegura que desde este programa se ha venido haciendo un trabajo para “profundizar sobre el conocimiento de las variedades nativas, porque en Nicaragua siempre ha habido como una subvaloración sobre estos recursos, siempre se ha visto a la semilla criolla como algo marginal, de bajo rendimiento y siempre se ha pensado que lo que se necesita son variedades de alto rendimiento”.

Según un diagnóstico realizado por el programa en más de treinta municipios del país, se identificó una lista de variedades criollas y acriolladas de maíz, frijol, sorgo, arroz y algunas leguminosas comestibles que no son frijol.

De estas variedades identificadas, Vásquez aseguró que hay especies con alto rendimiento, pero que “no han tenido el apoyo de instituciones”.

Julio Sánchez, oficial de Biodiversidad del Centro Humboldt, aseguró que “las semillas nativas son importantes porque tienen la memoria genética de todos los eventos climáticos” y es precisamente eso lo que las vuelve resistentes ante cambios como la sequía.

Para Vásquez es necesario conservar las variedades a través del establecimiento de bancos comunitarios de semillas, y que se sumen esfuerzos para trabajar en el tema de mejoramiento de estas variedades.

INTENCIONES DEL GOBIERNO

Tanto Sánchez como Vásquez manifestaron que de parte del Gobierno ha surgido un interés para investigar este tema e incluso crear un marco legal que proteja estos recursos.

Vásquez incluso aseguró que conoce de la existencia de un anteproyecto de ley para reconocer estos recursos y que estos se protejan y se divulguen para su consumo.

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