Tres de los 320 mil desempleados desde el inicio de la crisis cuentan cómo enfrentan la falta de ingresos

En una humilde vivienda ubicada al suroeste de Managua, el ingreso económico que perciben proviene de lavar y planchar ropa ajena. Lo obtienen también por vender tajadas verdes de plátanos con queso.

Hace un par de años, en la parte frontal del inmueble, instalaban mesas, encendían una estufa y asaban carne. La venta la completaban con refrescos, tacos y enchiladas. En ese momento, cinco de los siete  integrantes de la familia laboraban en el sector formal.

Hoy en día, todos están desempleados y de la suma de liquidaciones apostaron por los plátanos.  Si es la decisión correcta, Francisco Torres asegura que el tiempo se encargará de dar la respuesta, lo que sí es un hecho es que «al día freímos 100 plátanos y empacamos 160 bolsas, cada bolsa se vende a 10 córdobas». Las tajadas van acompañadas de queso y ensalada de repollo.

«Este es un trabajo fuerte, no es fácil. Me levanto a las cinco de la mañana y a las seis ya estoy en el mercado comprando los plátanos. Para ver la ganancia, viajo en bus ida y vuelta. A los plátanos sumale los repollos, zanahoria, sal y vinagre, todo eso lo compramos junto al aceite, que ya subió».

Francisco compra el 100 de plátanos a 450 córdobas. Para freírlos utiliza cuatro litros de aceite, valorado cada uno en 42 córdobas. Por los repollos paga de 10 a 20 córdobas. Las zanahoria las  compra a 10 cada una. Compra también cebollas y vinagre para» aderezar» la ensalada, además de  la bolsa para empaquetar el producto.

En promedio Torres invierte 670 córdobas para vender y si corre con suerte vende las 160 bolsas, que generan 1, 600 córdobas. Usualmente tarda en vender esa cantidad en dos días, y los  comercializa en el Mercado Oriental.

«Siendo honestos, esto no nos hace ricos, pero nos da para comer. Es duro decirlo, pero estamos subsistiendo, y como nosotros hay muchos», precisó la fuente.

De cajero a taxista

Eduardo Castillo todavía no se acostumbra a recorrer las principales vías de la capital tras el volante de un taxi. Antes su jornada laboral consistía en contar dinero en un banco.

Ahora él, junto a otros cadetes, hace fila por un cliente en las salidas de supermercados y centros comerciales.

No  sabe cómo llegar a barrios como el  Arnoldo León, Lomas de Guadalupe o Los Martínez, en Managua. «Pareciera una tontera, pero hasta hoy reconozco la importancia de conocer Managua. Si no conocés podés cobrar menos y terminás pagando de tu bolsa el turno», manifestó Castillo.

La familia de este cadete con siete meses de experiencia consta de cinco personas, tres de ellos menores de edad.

«Ayer compré hasta el último momento los zapatos de los chavalos, no tenía y tuve que prestar. Esto no es fácil, al inicio da pena, pero después uno analiza y caes en la conclusión que no sos el único», compartió.

Por el turno Castillo paga 340 córdobas y  llena además el tanque de combustible. Si bien reconoce que en noviembre y diciembre hubo días que regresó a casa con 700 y hasta mil córdobas. En los últimos días no ha sido así.

Viviendo de los mangos

De niño, a Ariel Matamoros le encantaba subir a los árboles y comer de sus frutos. Por esos azares de la vida, su habilidad para «trepar» le permite ahora obtener ingresos.

Desde hace dos años y medio junto a su pareja recorre la capital abordo de una camioneta comprando mangos. Él compra cosecha tras cosecha y por cada una de ellas paga entre 700 y  900 córdobas.

De una buena cosecha puede obtener unos 1, 500 mangos. Luego vende estos por docena en el Mercado Oriental o por unidad a vendedores de los semáforos. Cada mango lo vende a un  precio de tres córdobas.

Además de su esposa lo acompaña un ayudante, que también sube a los árboles a cortar la cosecha.

Al día puede comprar dos cosechas y las ganancias que le genera cada una de ellas oscila entre los 900  y 1,200, descontando el pago de combustible, pago de ayudante, repuestos y alimentación.

Texto de Juan Tijerino

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