Al Desnudo: a propósito de la Expo X en la sala experimental Pilar Aguirre del Teatro Nacional Rubén Darío

Nada atrae y perturba tanto como un cuerpo desnudo. El observador que roce esta experiencia o que se disponga a gozarla gradualmente, puede atravesar una gama de emociones imprevisibles: desde la curiosidad hasta la pasión. Todo, menos la indiferencia. Y ni siquiera tiene que ser el cuerpo entero; siglos de moralismo han recogido el efecto causado por un hombro, una pierna, unas nalgas o un seno. Tampoco debemos descontar la sensación de rechazo.

Desde las más remotas manifestaciones artísticas que se conocen, aparecen ya representaciones del desnudo como una de las primeras imágenes eróticas que el hombre imagina y que, en cada cultura y cada período artístico, pueden examinarse. Luego el desnudo en el arte es erótico, pues el erotismo no es más que la poética del sexo y el cuerpo es eminentemente sexual.

En Nicaragua hay muchas mujeres y hombres que se cubren día a día y jamás aparecen desnudos. Tienen la ventaja de no ser artísticos. Nicaragua es un país de encubiertos. Nadie se quiere desnudar. Sin embargo, la libertad del lienzo ha saltado las fronteras de la rigidez y excesiva escrupulosidad en el cumplimiento de determinadas normas de conducta moral pública con excelentes desnudos de Róger Pérez de la Rocha, Pablo Beteta, Efrén Medina, Otto Aguilar, Patricia Belli, Salvador Castillo, Omar d’León y nuestro máximo exponente, Armando Morales; pero las fuerzas vivas se han cubierto con su manto y no nos han dejado ver el libre cuerpo de un hombre o una mujer en el claroscuro de una solitaria habitación adormecida.

Con la exposición colectiva denominada Expo X, el desnudo retorna a la palestra nicaragüense, con cierto retraso y cierto recato. La sala experimental Pilar Aguirre del Teatro Nacional Rubén Darío (TNRD), sin embargo, ha osado apoyar el proyecto que coordinan los artistas plásticos Damiana Corea, Ricardo Morales y Sugey López; y se lanzó al ruedo completamente desnuda: palabras mayores. Las flores, el mar y ahora el desnudo son temas que han ido conformado la poética de investigación y muestra tanto plástica como verbal.

Recordemos que muy lejos de cualquier concepción artística o religiosa, el desnudo constituye a través de todo el arte, el mejor espejo de lo humano. Y aunque los estilos artísticos cambien, aunque el gusto por la delgadez (Giacometti) o la abundancia carnal (Rubens) atraviesen los siglos, el desnudo en sí no se altera.

El próximo jueves 20 de febrero, estaré allí en la sala experimental Pilar Aguirre del TNRD, pero lamentablemente vestido y completamente ataviado para disfrutar la intensidad de las obras de Ricardo Morales, Sergio Velásquez, Róger Pérez de la Rocha, Kohar Peñalba, Mario Jarquín, Mario Madrigal Arcia, Sugey López, Damiana Corea, Isabella Guillén, Raúl Marín, Luis Briones, Soraya MoncadAbel, Sandro Peñalba, Ricardo Maya, Nunzia Valenti, Reynaldo Bósquez, Martín Ocón, Freddy Guerrero, Javier Hernández, Sarah Lynn Pistorius, Omar D’León y Pablo Beteta, en variadas técnicas acrílicas, óleo, carboncillo, acuarela, lápiz sobre papel y plumilla; con temas como “Canto al amor”, “Pensativa”, “La innombrable”, “Alzando vuelo”, “Muchacha”, “Memorias”, “Gentil de glúteos perfectos”, entre otros.

Por: René González Mejía, presidente del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH)

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