Laguna de Apoyo cobra dos vidas este domingo

Un día que estaba planificado para recreación terminó  convirtiéndose en una pesadilla para dos familias, por la muerte por sumersión de dos personas, entre estas una menor de edad,  en las aguas de la laguna de Apoyo, en Masaya.

El lamentable sucesos que enluta a dos familias nicaragüenses ocurrió la tarde de este domingo.

Según algunas versiones aún no confirmadas por las autoridades, indican que la menor de iniciales S. G,  llegó a la laguna de origen volcánico con sus familiares.

Todo transcurría con total normalidad, hasta que la jovencita, tras bañarse por varios minutos, empezó a gritar pidiendo auxilio.

El joven Francisco Ortiz al escuchar los gritos de desesperación de la menor y sus familiares, se metió a la laguna con la intención de salvarla.

Pero el escenario que se presentó, según explicaron testigos a una televisora local, es que  tanto el joven que intentó vestirse de héroe como la menor terminaron muertos.

Ante la terrible tragedia, el grupo de amigos que acompañaba a Ortiz terminó rescatando los dos cuerpos, que yacían a varios metros de profundidad en la laguna.

Laguna de Apoyo. Fotografía Elizabeth López Alvarado

La Policía y efectivos de la Dirección General de Bomberos se presentaron al lugar.

Se conoció que Ortiz habitaba en Managua, en el barrio Santa Rosa.

En tanto, la menor era originaria de Masaya, exactamente del sector conocido como Tierra Quemada.

Asimismo, trascendió que en el balneario San Diego, en la franja del Pacífico, una abuela y dos de sus nietos escaparon de morir de la misma manera.

Según información difundida por una emisora de corte oficialista, la señora y sus parientes fueron arrastrada por una fuerte ola. Unos bañistas al escuchar los gritos de auxilio lograron rescatarlos.

Al realizar paseos a balnearios, ya sean de agua dulce o salada, es necesario tomar las precauciones pertinentes, como no adentrarse en aguas profundas si no saben nadar, debido a que no hay presencia de salvavidas en esta temporada del año.

Texto Juan Carlos Tijerino

Fotografía: Elizabeth López Alvarado

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