A dos años del estallido social, periodistas reviven cómo cubrieron la crisis de 2018

No eran una multitud, pero ese pequeño grupo de hombres y mujeres de la tercera edad que pedían no les redujeran el 5% de sus raquíticas pensiones, fueron el movimiento telúrico que provocó que un país entero se levantara contra el régimen Ortega Murillo.

Ancianos ensangrentados, arrastrados por las calles de León y golpeados sin ningún reparo dieron pie a que la frase “¿y si fuera tu abuelo?” creara conciencia, sobre todo en los estudiantes universitarios que inesperadamente se rebelaron en las universidades públicas dominadas por UNEN, brazo del partido gobernante en la educación.

Fotografía Cortesía Eddy López Hernández.

Con los jóvenes en protesta, el régimen decidió iniciar la brutal represión que no solo fue nociva para los estudiantes y el pueblo autoconvocado que salió masivamente a las calles, sino también contra los periodistas, quienes en su afán de documentar los hechos arriesgaban sus vidas.

Para conmemorar el segundo aniversario del estallido social en abril 2018, conversamos con los periodistas Uriel Velásquez, quien en ese momento trabajaba para El Nuevo Diario, y Mynor García, que era corresponsal de La Prensa en Carazo.

“Desde el día 0 estuve cubriendo las protestas. Trabajaba en El Nuevo Diario en la sección de Nacionales, generalmente trataba temas de Derechos Humanos, de género y lo que saliera. Cuando estallan las protestas, recuerdo que fui a la UCA, porque cuando finalizó la protesta en Camino de Oriente, un grupo de chavalos se fue a la UCA y ahí llegó la Juventud Sandinista a apedrear la universidad y me tocó a mí infiltrarme en el grupo de la JS para que no me agredieran, porque no pude entrar al recinto, porque se resguardaron cerrando los portones y me tocó quedarme afuera con todos esos pandilleros, las fuerzas represivas del régimen”, recuerda el joven periodista.

“Le supliqué por mi vida a un policía”

Grupos de choque atacan a ciudadanos en Camino de Oriente. Fotografía tomada de Facebook.

Asimismo, recuerda que desde el primer día “los periodistas fuimos reprimidos por las fuerzas de choque de Daniel Ortega”.

Sin dudas, nunca olvidará que el 20 de abril vio la muerte de cerca, sintió su olor y como por milagro la vio alejarse de su lado.

“Salí con el fotógrafo a cubrir la protesta y llegó la policía, comenzó a tirar balas de gomas y a replegar a los chavalos, me tocó meterme en las callecitas que están frente a la UNI, en la zona de los bares, para resguardarme, pero llegó un policía y me amenazó con una escopeta y me tocó rogar por mi vida. Él creyó que era protestante, pero al demostrarle que era periodista me dijo, quítate de aquí que estás obstruyendo la labor policial”, dijo a Diario Libre.digital.

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Fotografía Cortesía Eddy López Hernández.

Después de ese episodio tan desagradable, estuvo cubriendo todas las protestas, asegura que no paraba en la redacción, “estaba hablando con la gente, buscando las historias detrás de los presos políticos, de gente a la que le habían matado a un hijo, estuvo en Managua, Masaya y en Carazo, cuando fue el ataque a los obispos, fui a Matagalpa y Niquinohomo y fui testigo de primera mano de cómo la policía y los paramilitares reprimían a la gente, mataban chavalos, disparaban sin el más mínimo pudor contra quienes salían a protestar por sus derechos, por la justicia, por la libertad”.

Los peligros eran constantes en las coberturas diarias, Velásquez recuerda que en varias ocasiones el carro en el que se transportaba el equipo de cobertura fue detenido y reconoce que los días más duros fueron cuando estaba la operación limpieza, porque no podíamos salir a la calle de forma segura, ya que las calles estaban bajo control de la policía y los paramilitares, quienes tenían identificados a los periodistas independientes.

“Los protestantes siempre acuerpaban a los periodistas, nos protegían, pero cuando levantaron los tranques daba miedo porque no sabía en qué momento podía llevar una camioneta de paramilitares, porque estaba fichado. Una vez me robaron los documentos en Managua y la otra en la Basílica de San Sebastíán, en Diriamba. Para nadie es un secreto que todos los periodistas que cubrimos la represión estábamos identificados”, apostó.

Con satisfacción, Velásquez rememora que tuvo la oportunidad de dar cobertura al intento de diálogo nacional, lo que asegura le dio la oportunidad de “cuestionar cara a cara a los funcionarios que representaban la régimen, acerca de por qué estaban matando gente”.

En abril a octubre se vio unidad del gremio, salíamos en grupos, nos cuidábamos entre todos y nos manteníamos unidos, nos daba valor para seguir haciendo el trabajo en medio de las circunstancias que estábamos viviendo.

Las vivencias entre tranques y amenazas gubernamentales en Carazo

Por su parte, Mynor García vivió sus propios riesgos en el levantamiento que se dio en el departamento de Carazo, que tuvo como nervio a Diriamba y Jinotepe.

“A raíz de las primeras protestas en Managua, la gente en el departamento de Carazo empezó a salir a las calles, se autoconvocaban para marchas en las redes sociales. Cada marcha iba más y más gente”, señala García.

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Sandor Dolmus, una de la víctimas durante momentos críticos de la crisis en abril de 2018. Fotografía Cortesía Eddy López Hernández.

No obstante, en este departamento surgió la particularidad de que los seguidores del régimen tomaron la decisión de enfrentar a los autoconvocados.

“Empezaron las marchas en Diriamba y Jinotepe, pero surgieron las contramarchas convocadas por la Juventud Sandinista, y empezaron a darse enfrentamientos que a inicios eran manejables, pero en una marcha azul y blanco, un grupo de militantes y trabajadores del frente sandinista (incluido el alcalde de Diriamba, Fernando Baltodano) iniciaron un gran enfrentamiento que terminó con la quema de la alcaldía de Diriamba y de la casa sandinista. La policía intentó replegar a los manifestantes pero no pudo”, señaló.

Ahí estuvo García, junto a otros periodistas, entre balas, morteros y piedras.

Asimismo, se levantaron tranques o barricadas en los principales tramos de carreteras y también en cada barrio de las ciudades.

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Miembros de la Juventud Sandinista agredieron a ciudadanos en Camino de Oriente. Fotografía tomada de Facebook.

“Cuando estaban los tranques, el del Colegio San José era el más grande porque tenía detenido el tráfico de los furgones de carga internacional, sin embargo, había barricadas en todos los barrios del departamento. La gente repartía comida, café, pan, todo era mucha solidaridad del pueblo. Recuerdo cómo los autoconvocados sobrevivían, porque dormían en el suelo, comían de lo que la misma población llegaba a repartir. Mujeres cocinaban en sus casas y llegaban a repartir”, rememoró.

“En Diriamba se dio la quema de la Policía por el asesinato de Marcos Villalobos y eso enfureció a la gente y a pesar de que varios sacerdotes intentaron evitar el saqueo a la policía fue inevitable frenar la ira de los diriambinos. En Jinotepe también se dio la quema del zonal del Frente Sandinista”, señaló.

Mynor García fue uno de los periodistas que recibió amenazas en el departamento, recibió agresiones y asedio, sin embargo, no desistió en su labor informativa.

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