A dos años de la matanza de Carazo, joven relata las torturas a las que lo sometieron

Hoy se conmemoran dos años desde que elementos armados en conjunto con fuerzas policiales ejecutaron la llamada «Operación Limpieza» en Carazo.

Al amanecer del 8 de julio de 2018, valiéndose de armas de alto calibre, los comandos de la muerte arribaron a las principales ciudades de Carazo con el fin de acabar con las barricadas levantadas en todo el departamento.

Lo que ocurrió ese día fue un verdadero baño de sangre y un festín a la violencia. Según datos de organismos defensores de derechos humanos, al menos 32 personas murieron entre opositores y efectivos leales al gobernante Frente Sandinista.

Además, hubo un sinnúmero de aprensiones contra civiles, algunos de los cuales ni siquiera habían participado en las protestas.

Una de esas víctimas, que asegura nunca se ha involucrado en política, accedió a compartir su testimonio con Diariolibre.digital

LA CAPTURA

El joven quien ha pedido anonimato, narró que fue capturado mientras buscaba a un primo que llevaba varias horas desaparecido.

Al apresarlo las fuerzas de choque del gobierno lo sometieron a torturas psicológicas en el sector conocido como Las Esquinas (kilómetro 43 carretera Panamericana Sur).

Ahí le decían constantemente que le dispararían en las rodillas; también les oyó narrar la cantidad de muertos que habían dejado tendidos sobre las calles.

“Ese domingo nos levantaron con balas a toda la ciudad, parecía que estábamos en guerra con las ráfagas que descargaban y todas las noticias que nos llegaban era por Facebook. A eso de las 3 de la tarde salí en la moto, porque un primo no aparecía. Iba en una cuesta cuando vi que había unos 30 o 40 paramilitares. Iba con un amigo, nos bajaron de la moto y sin ningún motivo nos golpearon la cabeza y las piernas”, comentó el joven.

En ese punto permanecieron por algunos minutos y fueron despojados de sus pertenencias.

“Uno de los paramilitares apuntó mi rodilla con el arma y me dijo que me iba a disparar, solté el llanto de angustia, estaba ensangrentado. Llegó una camioneta y preguntaron qué andábamos haciendo a esa hora, dijimos que buscando a alguien, pero no nos creyeron. Nos vendaron y nos montaron en la camioneta. Iban a hablando de todos los muertos que habían dejado tendidos, daban ubicación de dónde y cómo habían matado opositores”, reveló.

TORTURADOS

Posteriormente la víctima señala que fueron llevado a un lugar desconocido y ahí les dieron fajazos, golpes de todo tipo; los interrogaron, aunque les explicaron que eran trabajadores, nada detuvo la golpiza.

Pero los golpes no fueron lo peor, sino que también les daban descargas eléctricas en el pene y testículos.

Luego fueron trasladados a una celda que compartieron con otros jóvenes que habían capturado.

“Nos metieron tras unas verjas, había varios chavalos. Todos en bóxer, igual que nosotros, nos echaron agua fría. Después nos sacaron uno por uno, en ese momento nos enteramos que estábamos en Las Esquinas. Todos los policías hicieron fila y nos pateaban y daban con las tunfas, iban como 4 camionetas cargadas, nos acomodaron como cerdos, desnudos, sin importarles el frío”, prosiguió.

Al grupo lo trasladaron hacia Managua y en el recorrido los golpes continuaron.

“Nos daban patadas como si aplastaban cucarachas, nos quemaban con chiva de cigarro, nos derramaron café y gaseosa encima”, recordó este joven.

PRESO EN EL CHIPOTE

Al final de esa tarde el grupo de caraceños arribó a la Dirección de Auxilio Judicial, mejor conocido como El Chipote.

El joven rememora que a ese sitio los hicieron ingresar viendo hacia el suelo, los golpearon y ficharon  como delincuentes, para luego encerrarlos en una «celda chiquita».

Posteriormente los sacaron de la reja pequeña y fueron conducidos por un pasillo oscuro y largo, con muchas puertas de metal a los lados.

Poco a poco distribuyeron al grupo en las celdas, no sin antes despojarlos de la ropa interior y obligarlos a hacer sentadillas.

“Entré a un cuarto pequeñito con cuatro camarotes de tabla, la luz entraba por un hoyo en la pared. No había inodoro, solo un hoyo en el piso. También había una pileta con agua rezagadas. En la parte superior había un tubo de donde caía el agua en la pila que ni se le miraba el color de la oscuridad hedía bastante”, describe.

En El Chipote había mucha gente de Carazo, asegura que algunos no podían ni moverse por los golpes, otros tenían las costillas quebradas y hasta los dientes les habían tumbado

“Tengo cicatrices en la espalda, las descargas eléctricas. Un día en la mera mañanita nos llegaron a sacar y pensamos que íbamos libres. Nos llevaron unos zapatos viejos grandotes a cada uno, ahí nos dieron ya los uniforme azules y nos dieron la ropa sucia con sangre del 8 de julio, pues ahí estaba todo, sólo apareció mi camisa pura sangre, mi pantalón no, ni mis zapatos, todo se lo robaron y cuando todos estábamos listos nos montaron en un bus que salió por detrás, ahí fue cuando nos dimos cuenta que estábamos en El Chipote», agregó.

TRASLADADO A «LA MODELO»

Al grupo de caraceños los movieron de El Chipote hacia el Sistema penitenciario, en Tipitapa, conocido como cárcel La Modelo.

CARAZO MASACRE
Los capturados en la operación limpieza, de Carazo, fueron torturados, golpeados y remitidos a El Chipote.

Ahí recuerda que había una policía jefa de los Dantos que les daba maltrato verbal. Les decía que eran unos mal agradecidos, sinvergüenzas, unos drogos.

“Nos insultaba así, la mayoría tenía profesiones pero nos trataban como si éramos delincuentes. Nos dieron el uniforme azul y así fuimos ingresando a un módulo aún estaba nuevo el módulo sólo preso políticos, aparte de todos”.

Estando en La Modelo pudo reencontrarse con sus familiares, pero sabía que la cosa no sería tan fácil, pues estaba condicionado a la voluntad del gobierno.

Afortunadamente, él pudo salir junto a otros presos políticos 15 días después aunque muchos permanecieron encarcelados varios meses.

Tras obtener su libertad el joven tuvo que asumir un compromiso con la policía de Jinotepe, para abstenerse de participar en protestas antigubernamentales.

«Nos quedó el mal gusto de ser torturados, sin tener culpa, sin andar en nada, me ficharon y no es justo, pero así fue”, apuntó .

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