El cierre de El Nuevo Diario dejó un vacío en la sociedad y marca un hito en la vida de sus colaboradores

Tras dos días de subsidio, Daniel Santos Matute llegó a su turno nocturno  para hacer el volcado de las notas en la página web de El Nuevo Diario. Su jornada siempre se extendía hasta las 12 de la noche, sin embargo, recuerda que ese día, 26 de septiembre, su editor le dijo que se irían temprano.

“Parecía un día completamente normal, pero estaba como un poco aturdido y miraba algunos detalles inusuales, señales que se fueron manifestando a lo largo de la jornada y me sorprendió que mi editor me dijo que todo iba a estar temprano, me estaban apurando a hacerlo todo, así que subí las notas lo más rápido que pude”, recuerda este joven periodista.

Santos Matute se convirtió en el último trabajador de aquel turno en abandonar las instalaciones y en el penúltimo en publicar en la web, pues cuando él se retiró, alguien ingresó al sitio para colgar el comunicado que pondría fin a una historia de 39 años de periodismo, pues se anunciaba que El Nuevo Diario dejaría de circular en su versión impresa y on line.

Periodista Daniel Santos Matute.

“A eso de las 12:11 estaba publicado un comunicado que no subí yo, en el volcado me pidieron que no subiera la portada principal por obvias razones, para que no me enterara de ese texto que iban a poner en la portada”, señala Santos Matute.

“Se cumple un año del cierre de El Nuevo Diario, yo solo tenía solo 2 años en esa institución, al igual que para muchas personas cuyos ingresos dependían de este medio, para mí  fue un momento triste, impactante. Es triste porque no solamente es un periódico sino porque también afecta a la sociedad y es parte de la vida de los hombres y las mujeres de prensa, que dedican su vida a contar historias, a contar los hechos de una nación”, apunta el periodista

“Fue un viernes oscuro, muy triste, la relación que habíamos formado había sido muy estrecha, es un año y ahí están las publicaciones que dejé”, recuerda con evidente nostalgia.

17 años en El Nuevo Diario

El reportero gráfico Óscar Sánchez, mejor conocido como “Risitas”, pasó 17 años de su vida en las paredes de El Nuevo Diario, y  a un año de su cierre, lamenta que se haya perdido este espacio para la promoción de la democracia y defensa de los derechos de la ciudadanía.

“En El Nuevo Diario adquirí mucha experiencia, hay un recorrido que me permitió aprender muchas cosas y su cierre para mí ha tenido mucho significado, porque se le daba voz al pueblo”, manifiesta.

El fotógrafo Oscar Sánchez laboró 17 años en El Nuevo Diario.

“Risitas” estaba de vacaciones y se encontraba en su casa, en Dolores, Carazo, con el teléfono apagado para disfrutar de su descanso, así que estaba totalmente ajeno a lo que pasaba en su centro de labores, por lo que se enteró hasta el mediodía de que ya no tenía trabajo.

“Estaba de vacaciones, no me imaginé nada de eso y  me di cuenta hasta que lo vi en el noticiero de Canal 10  y que me llamaron  para que llegara a traer mi liquidación”, recuerda apesadumbrado.

“Me sorprendió mucho,  no me parecía creíble aquello. Ese mismo día me fui al diario y ya estaba listo el cheque,” relató.

100 familias perdieron sus ingresos

END, como se le conocía en el gremio periodístico, contaba con cerca de un centenar de trabajadores, entre reporteros, editores, fotógrafos, conductores, personal de ventas e imprenta; quienes literalmente se vieron en el desempleo de la noche a la mañana.

El anuncio del cierre lo realizaron a través de un comunicado que divulgaron en las redes sociales al filo de la medianoche, de igual manera, también lo colocaron en la última portada del rotativo.

“Después de casi 40 años de estar informando sin interrupción a la sociedad nicaragüense, EL NUEVO DIARIO suspende esa labor a partir de hoy, debido a las circunstancias económicas, técnicas y logísticas adversas que enfrenta”, dice el texto.

La noticia caló profundo a todos los trabajadores del que hasta entonces era el segundo diario más longevo e importante de Nicaragua.

Eva Inestroza Cáceres laboró durante tres años para el periódico al cual considera su “escuela”, y en donde afirma tuvo no solo buenos jefes, sino que estableció lazos de amistad y aprendizaje con sus pares de la redacción.

“END para mí fue más que un trabajo, fue mi escuela, hice muy buenos amigos, considero que tuve excelentes jefes: Matilde Córdoba, Douglas Carcache, Róger Suárez, Gustavo Álvarez, Luis Duarte, Ludwing Loáisiga, a mis compañeros ni se diga; los aprecio muchísimo, aprendí mucho de ustedes”, afirma Inestroza Cáceres.

Periodista Eva Inestroza.

Para ella, la noticia del cierre no la olvidará nunca.

“Yo recibí la noticia del cierre del periódico tipo 4:00 de la mañana de ese viernes 27 de septiembre, y desde ese momento y hasta llegar a la redacción iba apesarada, melancólica”, rememora.

Por última vez en la sala de redacción

Por su parte, el fotógrafo Jorge Ortega recuerda que tal como era su costumbre se presentó temprano a la redacción del rotativo, solo que ese día había un motivo extra para estar antes de las 8, pues quería externar su solidaridad con la mayor cantidad de colegas que le fuera posible.

Confiesa que aunque el cierre del diario era algo que temía, al  enterarse del cierre repentino derramó lágrimas “de impotencia y de rabia” debido a que era la segunda vez que sufría los atropellos contra la libertad de prensa en el país.

A finales de la década de los años 80, Ortega era parte del equipo del diario La Prensa, cuando ese rotativo sufrió una prolongada censura, eso lo obligó a exiliarse por varios años en Estados Unidos, hasta 1991, año en el que decidió regresar a Nicaragua.

“En 1991 regresé a Nicaragua, porque el gobierno de estos señores (Sandinistas), había salido del poder, Pero al volver a ganar el poder, han vuelto a hacer lo mismo que en los 80, cerrando los medios, persiguiendo a todo lo que es la prensa para que solo se sepa lo que ellos quieren que se diga, eso me frustra y me da rabia el saber que es el mismo verdugo desde entonces”, afirma Ortega.

Reinventándose para subsistir

Ortega, quien actualmente tiene 65 años, sostiene que a pesar de sentirse físicamente fuerte es consciente que las posibilidades de volver a laborar en un medio de comunicación son nulas.

Por ello, en el último año ha tenido que reinventarse y laborar esporádicamente en diversos oficios entre ellos la elaboración de sillas metálicas y el más reciente como acompañante ayudante en un camión grúa.

“A veces trabajo con un amigo que tiene una grúa y andamos socorriendo carros cuando lo llaman, pero eso no es diario”, dice Ortega.

Fotógrafo Jorge Ortega

Inestroza Cáceres por su parte coincide con Ortega al decir que los experiodistas de END han tenido que reinventarse.

“Creo que no tenés de otra que reinventarte y buscar mecanismos y alternativas para salir adelante, porque tenemos familia, hijos y como profesionales no podemos estancarnos”, dice.

En su caso explica que por algunos meses estuvo realizando periodismo freelance para un medio digital y recientemente ha iniciado a laborar en el diario La Prensa.

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