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Francisco Oporta, el orgullo de Talolinga que logró entrar en la historia del beisbol nacional

Creció en una familia de escasos recursos y desde los ocho años aprendió a trabajar en el campo donde a lo largo de sus 33 años ha hecho de todo: chapear potreros, tapiscar maíz, arrancar frijoles y aporrearlo y arar la tierra, entre otras actividades propias de las zonas rurales

Francisco Oporta, el orgullo de Talolinga que logró entrar en la historia del beisbol nacional

Francisco Oporta aprendió a leer y escribir porque una vecina en Talolinga, una comarca en el municipio de Nueva Guinea, llegaba a enseñarle por las noches. Estaba capacitado para estudiar el segundo grado, pero decidió descontinuar los estudios para dedicarse a trabajar en el campo junto a sus hermanos William y Nelson y ayudar a su mamá María  Elena Oporta a criar a sus cuatro hermanos menores. “Mi primer deporte fue trabajar al machete”, confiesa el lanzador zurdo, quien el pasado fin de semana consiguió el primer juego sin hit ni carreras del Pomares 2023 y el segundo de la historia de Nueva Zelaya, tras el logrado por Nelson Martínez en 2017.

Creció en una familia de escasos recursos y desde los ocho años aprendió a trabajar en el campo donde a lo largo de sus 33 años ha hecho de todo: chapear potreros, tapiscar maíz, arrancar frijoles y aporrearlo y arar la tierra entre otras actividades propias de las zonas rurales. “Era inteligente para andar arando, pero una vez casi me matan unos bueyes. Tenía como 15 años y en un cerco los bueyes se echaron para atrás y quedé atrapado entre el arado y el alambre. Después de eso no volví a hacerlo”, cuenta Oporta, quien luego de ordeñar las vacas en una finca apostaba naranjas con otros chavalos para ver quién era el mejor montador. 

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A pesar de su dura vida en el campo nunca abandonó la pasión por el beisbol. Empezó a destacar en ligas juveniles hasta llegar a ligas Mayor A donde una vez recogió de los fanáticos 10 mil córdobas por haber ganado dos de los tres partidos del campeonato. “Ya con eso resolví dos semanas en mi casa”, recuerda Oporta, quien logró quedarse en el roster de  Zelaya Central hasta el 2014 en el segundo año del equipo en el Pomares. “Me llegaron a buscar en una liga donde estaba jugando allá tiempo después de haber comenzado el torneo”, señala el zurdo de 33 años, quien con su salario del equipo sigue ayudando a su mamá y en el 2020 le reconstruyó la casa donde vive en Talolinga.

Creció escuchando en la radio los partidos del Bóer, San Fernando, Rivas y León e imaginaba algún día poder enfrentarlos. “Siempre me acuerdo de esos momentos cuando decía que algún día conocería Managua”, explica Oporta, quien además jugó con los capitalinos y los sureños en el Pomares de refuerzo y la Liga Profesional.  “Rivas fue el primer equipo en darme la oportunidad. Recuerdo cuando llegué a la Liga Profesional estaba en mi cuarto emocionado, no lo podía creer hasta donde había llegado y todo lo que había logrado”, confiesa el zurdo quien la pasada temporada militó con el Tren del Norte.

Cuando no está jugando, sea en el Pomares o la Liga Profesional, regresa a Talolinga a trabajar en el campo. A pesar de todo su recorrido en el beisbol mantiene la humildad porque va trabajar a lo que lo busquen ya sea tres o cuatro días a la semana, dependiendo de los quehaceres en su casa. Algunas personas de la localidad lo admiran y los niños le piden fotos en ocasiones porque lo miran en la televisión o sus padres le hablan sobre él y sus orígenes. “Se sienten orgullosos porque he logrado tantas cosas que nadie ha hecho en mi zona y espero poder seguir consiguiendo más cosas. Mi meta es ayudar siempre al equipo y mantenerme fijo en la Liga Profesional”, avisa Oporta.

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