Las notas de una victoria para el recuerdo

Tengo que admitirlo: sufrí en ese noveno episodio cuando Osman Gutiérrez pareció haber perdido el norte al brindar una base por bolas y un golpe. Creí que una vez más quedaríamos a la orilla de la frontera de la victoria. Pensé que se repetiría la eterna frase de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, sin embargo, esta vez fue diferente

Las notas de una victoria para el recuerdo

Tengo que admitirlo: sufrí en ese noveno episodio cuando Osman Gutiérrez pareció haber perdido el norte al brindar una base por bolas y un golpe. Creí que una vez más quedaríamos a la orilla de la frontera de la victoria. Pensé que se repetiría la eterna frase de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, sin embargo, esta vez fue diferente, 43 años después que la Selección Nacional derrotara 4-2 a los Orioles de Baltimore en Nicaragua, se repitió la historia, pero ahora en Port St. Lucie, Estados Unidos en el Día Internacional de la Mujer, una noche en la que todos los jugadores le pusieron “ovarios” al partido.

Vi a un equipo agresivo intentando robar bases, tratando de sorprender al rival, buscando la seguridad en los tiros, haciendo el recorrido preciso en las coberturas. Vi a lanzadores encima de cada pitcheo como si en ellos se jugaran la vida. Lo observado en el primer desafío de preparación fue prometedor. JC Ramírez mantuvo su recta en 93 millas por horas, Ronald Medrano ponchó a tres rivales e hizo lanzamientos sostenidos de 94 millas por horas, Leonardo Crawford con su buena colocación dominó a pesar que su recta llegó a 89 millas por horas y Cheslor Cuthbert respondió al nombramiento de capitán del equipo con su cuadrangular, mientras Juan Diego Montes con sus dos imparables se ganó la titularidad y Melvin Novoa se estableció como núcleo del bateo.

Por otro lado, esta victoria mostró cual debe ser el verdadero camino a seguir en el pitcheo porque de los siete lanzadores utilizados por Nicaragua (si ya estuviésemos en el torneo oficial) tendría a seis disponibles para el partido siguiente por la regla de los lanzadores, la cual explica que, si un pitcher hace menos de 30 tiros al plato podría estar disponible en el siguiente duelo, solamente Crawford se pasó con 39 tiros e hipotéticamente tendría que descansar un día para estar otra vez disponible.

En el Clover Park estaban 4,047 personas y podré decir que fui una las que atestiguó una parte de la historia del beisbol nacional. El público nicaragüense se llenó de euforia y agitaba las tribunas en cada out. Un triunfo galvanizador que llena de esperanzas y motiva a los muchachos que, a pesar de ser la Cenicienta del Grupo de la Muerte, los milagros existen siempre y cuando jueguen con “ovarios”.