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Julio Juárez y la hazaña que no pierde vigencia a pesar del paso del tiempo

Un día como hoy hace 51 años, Juárez provocó una de las más grandes emociones a los fanáticos en la historia del deporte nacional

Julio Juárez y la hazaña que no pierde vigencia a pesar del paso del tiempo

Han pasado 51 años desde que Julio Juárez se cubriera de gloria un día como hoy, al vencer 2-0 al entonces poderoso equipo de Cuba durante el Mundial de 1972 en Nicaragua. Sin embargo, en la memoria del estupendo lanzador leonés, pareciera que fue ayer.

Juárez recuerda bien los detalles de aquella proeza, preservada en la memoria popular como una joya de gran valor. Aquella noche, el brillante tirador leonés eclipsó al conjunto cubano y le dio forma al más recordado y venerado triunfo en la historia del beisbol nacional.

Julio es ahora un señor de 78 años, pero está lúcido, vigoroso y agradecido de la vida a pesar de las limitaciones que ha debido sortear. Y aunque a veces llora, lo hace por toda la satisfacción que significa haberse impuesto a sus propias contradicciones y salir adelante.

“No fui a la escuela, crecí solo con mi mamá y las carencias en las que viví eran grandes, pero estoy contento con la persona que he sido. Me he esforzado por no afectar a nadie y dejar un legado del cual mi familia esté orgullosa”, dice Juárez en su casa en León.

¿Qué tan a menudo pensás en ese partido contra Cuba?

Todos los días. No es que yo viva con eso encima, pero por donde paso se comenta sobre ese juego. Es decir, si yo no lo recuerdo, alguien me lo recuerda en la calle. Y la verdad es que vivo agradecido con Dios por haber tenido esa oportunidad de cumplirle a mi país.

¿Qué tanto cambió tu vida ese juego?

Siempre he tenido gratitud por haber lanzado en ese juego porque sé cuánto se emocionó la afición nacional. Siento que cumplimos una responsabilidad que teníamos con el país, pero más allá de eso, no. Incluso, hay otro juego que personalmente estimo más que ese.

¿Y cuál es ese juego?

Un no hit no run que les lancé a los Dantos. No sé si vos sabés, pero yo estuvo 14 meses en prisión injustamente y cuando salí, tuve la oportunidad de lanzar contra los Dantos y como era el equipo del ejército lo tomé como una venganza en aquel momento y les gané.

Pero el partido con Cuba es el más recordado…

Claro, es que como te digo, para la afición, haberle ganado a Cuba en un Mundial y que los nicaragüenses lo hayan visto, es algo que guardan en sus recuerdos como algo especial y así es. En Series Mundiales solo se les ganó cuatro veces y uno de esas fue la 1972 aquí.

¿Tuviste mucha presión ese día?

Tal vez presión no, pero debo admitir que sentí nervios al inicio. Sin embargo, cuando fue anunciado mi nombre en los parlantes del estadio y ver la reacción de los fanáticos, fue una palmada en la espalda que me empujó a ofrecer mi mejor esfuerzo y eso fue lo hice.

¿Por qué te escogieron para ese juego?

Quizá por la experiencia. Yo ya había lanzado en tres Mundiales cuando llegó el de 1972. Tuve un buen año con el Flor de Caña y estaba en mi plenitud. Alguien sugirió que se me debía guardar para Cuba, pero no, me usaron contra Panamá primero y luego Cuba.

El cierre fue muy dramático, ¿no?

Claro. Vos sabés lo que es tener en segunda y tercera las carreras del empate y solo un out. Recuerdo que Argelio Córdoba, el mánager, llegó a hablar conmigo y cuando lo vine cruzar la raya creí que me sacaría. Pensé que había hecho ya un buen trabajo, pero seguí.

¿Qué te dijo Argelio?

Me dijo, ‘¿Cómo estás guajiro?’ Muy bien, contesté. ‘Yo lo sé’, me dijo, la gente cree que vengo a sacarte, pero no. Vengo a decirte que te apures, que tengo una cita con una geba y me estás atrasando. Así que acaba con esto ya’. Yo sentí que me dieron un energizante.

¿Y todo acabó rápido?

Creo que Argelio no había terminado de entrar al dogout cuando Urbano González bateó para doble play y logramos terminar el juego. Fue una emoción increíble. Recuerdo a mis compañeros llorando abrazados. La gente coreaba mi nombre, pero yo no lloré.

Julio Juárez, lanzando la primera bola en el Estadio Nacional. Foto/19 Digital

¿Y por qué?

No sé. Como que no asimilaba lo que estaba sucediendo en aquel momento. Sin embargo, unos días después, tomándome unos tragos de licor con un primo, escuché la narración con Sucre Frech y Armando Proveedor y tuvieron que darme una toalla porque exploté.

Tuviste una gran carrera, ¿no?

Sí, yo vivo agradecido con Dios por lo que me dio. Hay gente que dice que los que juegan beisbol son vagos, pero no veo que los vagos vayan por todos esos países y representen a su pueblo como lo hacen los deportistas. Gané y perdí, pero gané más de lo que perdí.

¿Te sentís realizado?

Claro que sí. Me gusta la persona en la que me convertí. Me gradué en la universidad de la vida. Nunca fui a la escuela. Y uno puede ser lo que se proponga. Aprendí a leer ya mayor. Y he tratado de comportarme bien para dar un buen ejemplo y no afectar a mi familia.

¿No fuiste a la escuela?

No. Tuve un papá con el que no me relacioné. Por eso soy Juárez, por la Angélica Juárez, que Dios en paz la tenga. Teníamos muchas limitaciones. Uno se cría al solo y al viento y cerca de la casa había todo tipo de vicios, pero uno escoge lo que quiere llegar a ser.

¿Y cómo llegás a ser tan fluido en sus pláticas?
Leyendo, preguntando, escuchando y reteniendo la bueno. Hay mucha gente que me ayudó y siempre he sido muy conversador. A veces me dan ganas de llorar, pero de satisfacción, por todas cosas que tuve que superar, pero estoy tranquilo y agradecido con todo.

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